En un nuevo aniversario de su fallecimiento, el país conmemora el Día Nacional de la Libertad Latinoamericana en honor a Martín Miguel de Güemes. El prócer salteño, cuya figura fue crucial para el éxito del plan continental de San Martín, es recordado hoy no solo como un militar audaz, sino como un líder popular que sacrificó su vida por la independencia sudamericana.
Una vida al servicio de la patria
Nacido el 8 de febrero de 1785 en una familia de privilegios en Salta, Güemes inició su carrera militar con apenas 14 años como cadete en el Regimiento Fijo de Buenos Aires. Su bautismo de fuego ocurrió en 1806, participando activamente en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas.
Tras el estallido de la Revolución de Mayo en 1810, cumplió con éxito la estratégica misión de cerrar las comunicaciones entre el Virreinato del Río de la Plata y el del Perú por orden de la Primera Junta. Su ascenso continuó bajo el mando de Manuel Belgrano y, más tarde, de José de San Martín, quien en 1814 lo designó jefe de las avanzadas sobre el río Juramento, reconociendo su capacidad para el combate en el terreno norteño.
En 1815, Güemes marcó un hito político al convertirse en el primer gobernador de Salta elegido por asamblea popular, sin la intervención de Buenos Aires. Desde ese cargo, militarizó la provincia para enfrentar el avance realista mientras San Martín preparaba la liberación de Chile y Perú.
La División Infernal: el terror de los realistas
Para proteger la frontera, Güemes creó un cuerpo de élite que pasaría a la historia: la División Infernal de Gauchos de Línea. Este regimiento, vestido con su característico uniforme rojo punzó, estaba compuesto por gauchos, arrieros e indígenas que poseían un conocimiento absoluto de las quebradas y montes locales.
El nombre de «Los Infernales» surgió como un desafío irónico a un regimiento realista de la zona de la Puna llamado «Los Angélicos». Bajo el mando de Güemes, esta tropa implementó la «Guerra Gaucha», una táctica de guerrilla basada en ataques sorpresa y dispersión rápida que logró frenar nueve invasiones realistas. A pesar de que Buenos Aires se negó a financiar el cuerpo por temor al poder político de Güemes, el líder salteño sostuvo la división con recursos locales y una lealtad inquebrantable de sus hombres, quienes no buscaban otro premio que su libertad.
Traición y sacrificio final
El poder de Güemes y sus políticas de impuestos forzosos a las clases adineradas para sostener la guerra le valieron poderosos enemigos internos. El 7 de junio de 1821, tras un complot entre sectores opositores locales y fuerzas realistas, Güemes fue víctima de una emboscada mientras se encontraba en la casa de su hermana «Macacha».
Herido de bala por la espalda mientras intentaba escapar con su guardia, el General agonizó durante diez días en un catre a la intemperie en la Quebrada de la Horqueta. Allí, rodeado de sus gauchos leales, falleció el 17 de junio de 1821 a los 36 años. Sus últimas palabras fueron una arenga de confianza hacia sus soldados: «Voy a dejarlos, pero me voy tranquilo, porque sé que tras de mi quedan ustedes, que sabrán defender la patria con el valor del que han dado pruebas”.
Hoy, su legado perdura como un símbolo de resistencia y entrega absoluta. Sin la barrera inexpugnable que Güemes y sus Infernales construyeron en el Norte, la gesta libertadora de América del Sur difícilmente habría alcanzado su destino final.

Güemes y San Martín en la fachada del Edificio Libertador – Cañada de Gómez





