Cada 3 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Audición, una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que busca concientizar sobre la prevención de la sordera y promover el cuidado auditivo en todas las edades. Según datos del organismo, actualmente más de 1.500 millones de personas viven con algún grado de pérdida auditiva, una cifra que podría escalar a los 2.500 millones para el año 2050.
La licenciada en fonoaudiología Ileana Sancevich destaca que el oído es un órgano de una sensibilidad extrema que comienza a funcionar mucho antes de nacer, entre las 18 y 20 semanas de gestación. «El oído, cuando se activa a esa altura, nunca descansa. Ni siquiera si estás dormido, aunque estés en estado de coma o anestesiado», explicó remarcando que es el primer contacto del ser humano con el mundo.
Debido a esta sensibilidad, en Argentina rige la Ley 25.415, que exige la realización de estudios auditivos, otoemisiones acústicas, a todo recién nacido para detectar de forma temprana cualquier lesión o malformación. Si se detecta un problema a tiempo, el cerebro puede compensar la dificultad mediante estimulación o equipamiento.
Uno de los mayores riesgos actuales es la exposición constante a ruidos intensos sin permitir que el oído descanse. Ileana advierte que tras la pandemia se han normalizado hábitos nocivos, como el uso prolongado de auriculares a volúmenes que aíslan del entorno. Esto genera un «daño acumulativo» que está provocando que problemas auditivos antes asociados a la tercera edad aparezcan ahora en adultos jóvenes.
«Es como tener el parlante potenciado dentro de tu oído», señala la licenciada, agregando que el estrés auditivo puede manifestarse a través de zumbidos (acúfenos) o la pérdida de frecuencias agudas. Un punto crucial es que, una vez que las células nerviosas del oído interno se destruyen por estímulos intensos, la audición no se recupera.
Para evitar daños permanentes, es fundamental prestar atención a ciertas conductas. Según la experta, se debe consultar a un especialista si:
- Se necesita subir demasiado el volumen de la televisión o la radio.
- Aparecen zumbidos o pitidos persistentes.
- Se pierde información en ambientes con mucho ruido o se empieza a hablar más fuerte de lo normal.
- Existen cuadros de rinitis, mucosidad recurrente o dolor de oído, que pueden afectar la audición a largo plazo.
Si bien la tecnología ha avanzado significativamente con el desarrollo de implantes cocleares y audífonos digitales con Bluetooth, Ileana subrayó que estos dispositivos requieren un acompañamiento terapéutico para aprender a procesar la información sonora nuevamente.
Finalmente, la especialista destaca la importancia de reconocer a la comunidad sorda y la lengua de señas como una vía de inclusión para aquellos casos donde la recuperación de la audición por vía oral no es posible. La recomendación principal sigue siendo la prevención: bajar el volumen, evitar introducir objetos en los oídos y buscar el silencio como un espacio de recuperación necesaria para nuestras fibras nerviosas.





