Para Nicolás Brussino, volver a Cañada de Gómez siempre tiene un significado especial. Después de pasar gran parte del año compitiendo en el básquet europeo, cada regreso le permite reencontrarse con los afectos y disfrutar de las cosas simples.
«Significa mucho para mí. Me gusta mucho Cañada… me falta el día a día de mi gente que quiero», expresó al hablar sobre lo que representa regresar a su ciudad natal.
Durante sus vacaciones, aprovecha para compartir tiempo con familiares y amigos, pero también para devolver el cariño que recibe de los vecinos. «Cada vez que vengo acá me gusta estar en casa con mis amigos, con mi gente y también el cariño que me da la gente cada vez que me ve que me pide foto», afirmó.
Brussino recordó que su decisión de ser profesional fue temprana, alrededor de los 12 o 13 años, siguiendo los pasos de su hermano Juani. A los 16 años dejó Cañada para ir a Marcos Juárez, y a los 19 dio el salto a Regatas Corrientes en la Liga Nacional. Fue precisamente en Corrientes donde enfrentó su momento más difícil tras un chequeo médico de rutina.
«Al principio me dio miedo porque supuestamente así a primera vista dijeron: ‘Bueno, capaz que no puedas jugar más al básquet, necesitás un marcapasos’… para mí eso fue un susto», confesó sobre la arritmia detectada. Afortunadamente, tras la cirugía, el panorama cambió radicalmente: «Ya me hicieron la cirugía y a la semana ya estaba jugando»

Su etapa en Regatas no solo fue de superación física, sino de éxito deportivo inmediato. «Yo de jugar el TNA, después en la Liga Nacional con jugadores históricos de la selección argentina como Paolo Quintero, como Kammerichs… para mí eran todos maestros». Brussino destacó la ética de trabajo de Quinteros, con quien compartía habitación: «Lo veía yo a él que se levantaba temprano, se cuidaba con las comidas, entrenaba… me sirvió mucho».
Tras tres años en Corrientes, pasó a Peñarol de Mar del Plata, club donde, según los conductores, «explotó». Bajo la dirección de Sergio «Oveja» Hernández, Nico ganó protagonismo y minutos, consolidándose como una de las joyas de la liga.
A los 23 años, Brussino protagonizó un movimiento que ni él mismo imaginaba. «Imposible imaginar tanto lo que me pasó… yo soñaba con la Liga Nacional y desde la Liga Nacional salté a la NBA». De un día para el otro, pasó de los entrenamientos habituales a compartir cancha con leyendas. «Un día estaba en Cañada de Gómez y al día siguiente estaba entrenando con Nowitzki. Y digo: ‘¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo acá?'». La experiencia en los Dallas Mavericks fue surrealista para un joven que aún no hablaba el idioma: «Tengo una foto que Kevin Durant está tirando al aro y yo tengo la mano en el medio y la metió. Decís: ‘creo que fue la mejor defensa que hice en mi vida’. La metió como si nada».

Tras su paso por Dallas y Atlanta, Nico encontró su lugar en la exigente Liga ACB. Explicó las diferencias tácticas entre ambos mundos, señalando que en la NBA el scouting no es tan específico en fase regular debido al calendario. En cambio, en España: «El básquet FIBA en sí es lo que más nos conviene a nosotros… en España se trabaja más como equipo, se trabaja más en lo colectivo en vez de lo individual».
Uno de los puntos más emotivos fue su relación con la camiseta argentina. Desde su debut oficial en 2014, Brussino ha sido un jugador que casi nunca falta a una cita. Sobre el histórico subcampeonato en China 2019, recordó la asombrosa premonición de Luis Scola: «Luis cuando empezamos la concentración en Bahía Blanca ya lo dijo: ‘Si hacemos bien las cosas… nos metemos en semifinal’. Y uno lo miraba… no le podías decir ‘vos estás loco’ porque era Scola». Aquel equipo, según Brussino, alcanzó un pico de funcionamiento excepcional: «Ese mundial lo jugamos como si fuese el último… el equipo estaba muy bien, muy unido».

A sus 33 años, Brussino no piensa en el retiro: «No lo estoy pensando hoy en día… sé que tengo varios años más de buen nivel». Su enfoque sigue estando en los objetivos inmediatos, como la clasificación al próximo mundial. Para cerrar, los conductores recordaron el torneo de ADEO que lleva el apellido de su familia, un gesto que Nico recibe con gratitud: «Es un sueño… tratamos de de a poquito ir devolviendo un poco todo lo que ellos nos dieron durante varios años».
Finalmente, el alero se animó a armar su quinteto ideal de compañeros y entrenadores:
Base: Facundo Campazzo.
Escolta: Manu Ginóbili.
Alero: Carlos Delfino.
Ala-pívot: Dirk Nowitzki.
Pívot: Federico Kammerichs.
DT: Un homenaje a «Nenin» (referente de sus inicios).
Brussino se despidió agradeciendo la comodidad de la entrevista, dejando claro que, aunque brille en las mejores arenas del mundo, su corazón sigue perteneciendo a las calles de Cañada.







