En entrevista, el Dr. Daniel Alonso, prestigioso investigador del CONICET, y referente de la Universidad Nacional de Quilmes compartió una visión esperanzadora sobre los cambios drásticos que ha experimentado el tratamiento del cáncer en las últimas décadas. Lo que antes era un «oscuro rival», hoy se combate con estrategias personalizadas y el poder del propio sistema inmunológico.
El Dr. Alonso fue Director de la Carrera de Biotecnología, Director del Doctorado en Ciencias Básicas y Aplicadas, Director Científico del Laboratorio de Oncología Molecular y Director de la Unidad de Oncología Traslacional en la Universidad Nacional de Quilmes, y actualmente se desempeña como Profesor Titular y Director del Centro de Oncología Molecular y Traslacional. Desde 2007 es el responsable de Programas de investigación y desarrollo de nuevas terapias y nuevos blancos en cáncer, que integran a consorcios de Instituciones académicas, Hospitales públicos y Empresas farmacéuticas. Además, en 2022 fue presidente de la Sociedad Argentina de Investigación Clínica.
El Dr. Alonso destaca que la gran transformación comenzó en el laboratorio, permitiendo que la medicina deje de dar «golpes a ciegas» para atacar puntos específicos de la enfermedad.
«En los últimos 20 o 30 años el conocimiento, la información que tenemos sobre cáncer gracias a los avances en biología molecular y celular en los laboratorios ha cambiado mucho. El cáncer de ser un oscuro rival, poco conocido, que la medicina no lo entendía del todo, ha pasado a ser una enfermedad cuyas bases, sobre todo sus bases genéticas en términos de errores en los genes de las células, se ha comprendido. Entender eso ha llevado a comprender mejor cómo atacar esa enfermedad, dónde pueden estar sus puntos débiles, sus talones de Aquiles y, sobre todo, a mejorar las estrategias preventivas».
Este conocimiento permite que, aunque cada cáncer sea diferente según el órgano donde se origine, los investigadores puedan encontrar similitudes a nivel molecular que facilitan el desarrollo de nuevas terapias.
Uno de los pilares de esta nueva era es la inmunoterapia, una técnica que no busca atacar directamente al tumor con químicos externos, sino «despertar» las defensas naturales del paciente. Sin embargo, Alonso aclara que el gran descubrimiento no fue solo cómo activar el sistema inmune, sino entender por qué este no atacaba al cáncer por sí solo.
«En los últimos años se descubrió que las células tumorales, como tienen que defenderse de agresiones del sistema inmunológico del paciente, ponen en juego también fenómenos de inhibición del sistema inmune, como que tocan teclas para parar la inmunidad y decir: ‘No, a mí no me ataques, que yo soy de tu equipo’. Esos sistemas de bloqueo están en nuestro cuerpo para poner en marcha o parar la inmunidad, por ejemplo contra las bacterias… el cáncer sacaba provecho y lo apagaba. Técnicamente se los llama los puntos de control o checkpoints. Cuando se descubrió esto, se dio cuenta que podíamos trabajar con la inmunidad del paciente, pero primero había que destrabar ese freno de mano puesto. Había que inhibir la inhibición que propugnaban las células tumorales para defenderse, para enmascararse».
A pesar del éxito de fármacos como el pembrolizumab o el nivolumab, la inmunoterapia no funciona igual en todos los casos. El Dr. Alonso introdujo el concepto de tumores «fríos» y «calientes», señalando que el objetivo actual de su grupo de investigación es lograr que todos los cánceres sean vulnerables a estos tratamientos.
«Hay algunos tumores que son más fríos que otros. Fríos y calientes, en términos de la inmunología, significa tumores que realmente tienen circulación de células inmunes y actividad inmunológica. Hay algunos tumores que son calientes o al menos tibios, con lo cual en cuanto uno le destraba el freno de mano, la inmunidad rápidamente puede ser modulada o activada. Otros, en cambio, son tumores fríos naturalmente y no son tan permeables a esos cambios. Una gran tarea que hoy nos queda por delante es cómo activar o poner calientes a los tumores fríos y luego ser vulnerables a estas intervenciones».
El diagnóstico también está viviendo su propia revolución. Más allá de la tradicional biopsia bajo el microscopio, el futuro reside en identificar la huella digital genética de cada tumor para personalizar al máximo el tratamiento.
«Hoy la medicina está avanzando poco a poco en acompañar el diagnóstico histopatológico de ciertas dianas moleculares que son las que determinan su agresividad o su perfil personalizado en cada paciente. Nosotros, con un emprendimiento llamado Pregen, estamos trabajando en establecer lo que se llaman firmas genéticas en la propia biopsia, hacer una especie de huella digital genética del cáncer, para tener esa marca distintiva genética de ese cáncer y alojarlo en una característica más personalizada de cuán agresivo y cuán vulnerable a cierta terapia puede ser. Es como decir: ‘No solamente te saqué la foto en el microscopio, sino que te robé el DNI, ahora tengo tu DNI y tengo toda tu data'».
Finalmente, el Dr. Alonso enfatizó que los avances científicos carecen de sentido si no llegan a la población de manera equitativa. Destacó la importancia del trabajo conjunto entre el Estado, la industria privada y organizaciones como LALCEC para garantizar que la medicina de alta complejidad no sea solo para unos pocos.
«El gran desafío de la medicina en este tipo de enfermedad es que a nivel sanitario ese nuevo tratamiento le llegue a todo el mundo. Que tenga acceso a estos tratamientos nuevos, sofisticados y en ocasiones muy costosos, que necesitan una cobertura ya sea del sistema público, de obra social o prepaga. En este sentido hay muchos desafíos y barreras que no son solo de la ciencia o de la medicina, son también de la implementación sanitaria. Si esos avances no llegan a la gente, va siendo medicina para unos pocos».
Con un mensaje de optimismo, el Dr. Alonso recordó que el cáncer es hoy, en muchísimos casos, una enfermedad crónica o curable si se detecta a tiempo, instando a la sociedad a perderle el miedo a hablar del tema y a apostar siempre por la información y la prevención.





