El médico clínico Martín Maccari abordó un tema que genera controversia en la calle pero que tiene indicaciones médicas muy precisas: el uso de la semaglutida, conocida comercialmente como Ozempic o «Dutide», para bajar de peso. Aunque popularmente se la llama «la inyección para adelgazar», el especialista aclaró que su función principal es el tratamiento de la diabetes tipo 2 como coadyuvante de la dieta y el ejercicio.
La semaglutida actúa retrasando el vaciamiento gástrico, lo que genera una sensación de saciedad prolongada durante el día. Además, mejora el metabolismo al trabajar sobre la resistencia a la insulina, lo que ayuda al organismo a quemar grasas de manera más eficiente. Sin embargo, Maccari advirtió que el descenso de peso rápido que produce puede ser engañoso: «tiene que ver mucho en principio con el consumo de músculo y no de grasa», a menos que se acompañe de una dieta rica en proteínas y actividad física de fuerza.
El principal problema radica en el uso de esta medicación sin tener diabetes ni supervisión profesional. El doctor enfatizó que utilizar fármacos sin indicación es riesgoso, comparándolo con tomar medicación para la presión sin ser hipertenso. Entre las consecuencias más graves del mal uso se encuentran:
- Efecto «páncreas vago»: Al recibir la hormona de forma externa, el páncreas puede dejar de segregar insulina por sí mismo, lo que genera una alteración de las células beta y un posible aumento refractario de peso al dejar el tratamiento.
- Problemas visuales: Puede provocar o empeorar la retinopatía diabética, por lo que se requieren controles oftalmológicos seguidos.
- Riesgos digestivos: Además de náuseas y vómitos, existe el riesgo de desarrollar pancreatitis, especialmente en personas con condiciones preexistentes como triglicéridos altos.
Maccari lamentó que muchas personas busquen esta solución «mágica» a través del boca a boca o redes sociales para combatir el sobrepeso desde un lugar puramente estético. «Estamos canjeando estética por salud», señaló, insistiendo en que la obesidad debe tratarse como una enfermedad bajo control clínico, nutricional y, en ocasiones, psicológico.
La recomendación final es clara: antes de iniciar cualquier tratamiento, es fundamental consultar a un médico clínico para evaluar la reserva de insulina y determinar si el paciente realmente tiene la indicación para usar esta droga de manera segura y controlada.





